¡Bienvenid@s al mayor espectáculo del mundo…!

 

        Como si del escenario de un invisible serial killer se tratase “On Stage” ha sido preparada meticulosamente; proyectada rigurosamente; abandonada sin dejar rastro. Al igual que lo hacen l@s buen@s inventor@s, l@s mejores arquitect@s o l@s artistas más entrañables, Javier Guijarro Fayard desvela las tramoyas de sus universos y las estructuras animadas de sus escenarios para invitarnos a vislumbrar su voraz comportamiento como creador de tomografías animadas, sin dejar huella.

       Su figura permanece pero no está allí. Ha escapado, pero cruelmente permanece allí en su cabina, invisible. Su ausencia reclama la de su público que en su caminar comenzará a visibilizar el sendero de testigos extraños desde el cual Javier ha entretejido la compleja geografía de sus comportamientos. “Una los puntos” dice la voz en off que acompaña la acción de este ofensivo escenario.” Una los puntos” advierte ahora pero sin cinturón de seguridad, sin distancia de seguridad, sin red donde caer seguro. Usted está a punto de reconstruir lo que desea observar de sí mismo y lo que no desea, también.

       La exposición como si de un conjunto de juguetes de Ray y Charles Eames se tratase, yuxtapone las sensaciones del artista y los sentidos del arquitecto para empujarnos hacia la realidad mágica del montador, hacia la libertad dell taller del ensamblador, hacia el macabro escenario de un preciso francotirador. Funcionando como una “mental-do-nothing machine”, requiere aparentemente de la energía del observador para durar en el tiempo, pero en realidad es un ambiente autónomo. No ha sido creada bajo los parámetros del tradicional espacio-tiempo. Es una realidad plana, una sección dinámica que los incluye como cualquier otro parámetro que compone la coreografía comportamental de Guijarro.

       Estamos frente a una sección donde confluyen su multi-dimensionalidad, su extraespecialidad y su atemporalidad. Es pura experiencia; una representación adimensional en movimiento en la que se reflejan sus verdaderos intereses: hacer que sus máquinas perduren.
Eficientes y eficaces, sus sección automáticas rechazan la linea de la narrativa tradicional para desvelar su naturaleza cortante: planas o no, permanecen funcionando en una pequeña cantidad de memoria que ya no se aloja en el interior de su creador, sino que ahora, extraídas de su mente en formato gif, continuan en movimiento en no más de 75 megabytes almacenados en alguna nube flotante que arroja lluvia en forma de diamantes.

        Los artefactos reunidos en la muestra rechazan tanto las líneas o cadenas de montaje que compusieron las viejas máquinas como su propia estética. Lejos de ocupar espacio y montarse en el tiempo, los arquetipos mentales de Guijarro son síntesis simultaneas que adelantan a ambos en una nueva dimensión, y claro, en una nueva estética desconectada de cualquier genealogía detectable.

       No hay guión, aunque podría ser descubierto. No hay storyboard, aunque podría ser impreso en un plotter. No hay edición, aunque todas la maquinaria podría ser desmontada y montada de nuevo. No. No existe un manual. Tan solo acción y duración, que se alojan en la magia del formato digital.

       Desvela aquí el inventor la potencia de sus prototipos, que yendo más allá del hipnótico poder del símbolo, nos atrapan en la experiencia directa de la espiritualidad magiamáquina. Máscaras africanas o ligeros globos de helio, nos animan a trascender la construcción colectiva del símbolo que ha caracterizado la evolución cultural en la que nos hayamos inmersos, para empujarnos a construir nuestra propia ancestralidad a partir de la experiencia mágica de la suya.

       Quien conoce y observa detalladamente la obra de este meticuloso y obsesivo recolector de comportamientos, recuerda la explosión colorida de su mapa de mapas titulado “Circus”, de 2019.

       Para el conocedor de las extrañezas de Javier, no le es difícil encontrarlo como ese “nowhere man” de The Beatles que anduvo tan perdido por sus “Nowhere Lands”, también en 2019.

       Fue en 2020, encerrado en una de las habitaciones vacantes que aprendió de su maestro artista y arquitecto Juan Navarro Baldeweg, donde construyó el verdadero vacío donde desarrolla hasta hoy sus comportamientos más libres. Su hotel “Rooms” advierte en su cartel luminoso instalado junto a la carretera un “NO VACANCY” muy especial. Bien sabe Guijarro que sin vacío, sin habitaciones vacantes su hotel dejaría de funcionar pero antes de ofrecer sus estancias a otros cansados conductores, las ha explorado todas ellas con su habitar y claro, las ha abandonado plagadas de pistas como esas atmósferas meticulosas que son sus obras. “Signos de ocupación” como exclamarían Alison y Peter Smithson.

       “Ramble On” de 2020, a parte de tratarse de un visible plano de acción digno de un eficaz y sanguinario estratega, también y de forma casi dictatorial inunda nuestros oídos con su “and now’s the time, the time is now to sing my song” como lo hicieron Led Zeppelin desde quizás su mejor album “Led Zeppelin II” de 1969.

       Así se presenta “On Stage”, como una máquina de multiples lecturas, de ritmadas, rítmicas y muy bien controladas ausencias donde el espectador tendrá que resolver su miedo escénico ante la vida para poder extraer sus engranajes o memorias y lanzarse a ensamblarlos de acuerdo a su comportamiento, a su propia historia, a su propia visión automática de la vida, aunque ahora si, de forma libre.

Ahora quien va a (des)ocupar el escenario es Javier. Es su momento para cantar su canción.

Luces, cámara…¡Sección!

Juan Cabello Arribas

¡Welcome to the greatest show in the world…!

As if it were a crime scene left by an
invisible serial killer, “On Stage” has been meticulously prepared; rigorously schemed; abandoned without a trace. Just as the greatest inventors, the best architects and the most endearing artists do, Javier Guijarro Fayard reveals the backstage of his universes and the animated machines that perform on his stages to invite us to catch a glimpse of his voraciousness as a creator of animated tomography scans without leaving a mark.

The figure lingers but he is not there. He has escaped, but somehow cruelly remains there in his dwelling, invisible. His absence calls for that of his audience, who in their journey through the work will start to visualize the trail of strange witnesses from which Javier has woven the complex landscape of his behavior. “Connect the dots” says the voiceover that accompanies this vexing scene. “Connect the dots” he says now, but without a seatbelt, without buffer room, without a safety net. You are about to reconstruct what you want to observe about yourself…and what you don’t want too.  

The exhibition, as if it were a set of Ray and Charles Eames toys, juxtaposes the artist’s senses with his architectural instincts to force us towards the magical world of the assembler, towards the freedom of the assembler’s workshop, towards the macabre scene of a sharp shooter. Like “mental-do-nothing machines,” the works seem like they require the observer’s energy in order to function, but in reality, they are their own universes. They have not been created under the traditional parameters of space-time. Instead, they are a planar reality, poly-dimensional cross sections that include space-time like any of the other parameters that make up the choreography of Guijarro’s work.

Before us is a piece where multi-dimensionality, exta-speciality and timelessness come together. It is pure experience, a dimensionless performance in motion that reflects Guijarro’s true interest: making his machines last. Efficient and effective, their automated parts reject traditional narratives and reveal their sharpness: flat or not, they remain functioning in a small amount of memory that is no longer held captive inside their creator, but now, extracted from his mind in gif format, continue moving in no more than 75 megabytes stored in some floating cloud that drops diamond-shaped rain.

The artifacts gathered in the exhibition reject both the assembly lines and chains that made up old-time machines and their aesthetics. Far from occupying space and being assembled in the construct of time, Guijarro´s mental archetypes are simultaneous syntheses that advance both in a new dimension, and of course, in a distinct aesthetic, unrelated to any preceding origin.

There is no script, although one could be discovered. There is no storyboard, although it could be printed on a plotter. There is no editing, although all the machinery could be taken apart and reassembled. No. There is no manual. Just action and life, which are housed in the magic of the digital format.

Here the inventor reveals the power of his prototypes, which, going beyond the hypnotic power of the symbol, trap us in the direct experience of magic-machine spiritualty. African masks or light helium balloons encourage us to transcend the collective construction of the symbol that has characterized the cultural evolution in which we have immersed ourselves, to push us to build our own ancestry based on the magical experience of theirs.

Anyone who knows and observes in detail the work of this meticulous and obsessive collector of human behavior remembers the colorful explosion of his grand maps titled “Circus” from 2019. For those who know Javier’s strangeness, it would not be difficult to find him like The Beatles’ “nowhere man” who was lost in his “nowhere lands,” as well in 2019.

It was in 2020, while locked in one of the vacant rooms that he learned from artist and architect Juan Navarro Baldeweg, where he built the true void where he developed his freest techniques to this day. His “Rooms” hotel illuminates on its highway billboard a very special “NO VACANCY” sign. Guijarro knows well that without emptiness, without vacant rooms, his hotel would close down, but before offering his stays to other tired drivers, he has explored all of them himself and, of course, he has left them full of clues like those meticulously kept spaces that are his works. “Signs of occupation” as Alison and Peter Smithson would exclaim.

“Ramble On” from 2020, apart from being a visible action plan worthy of an effective and bloodthirsty strategist, also, and in an almost dictatorial way, floods our ears with its “and now’s the time, the time is now to sing my song” as Led Zeppelin did in perhaps their best album “Led Zeppelin II” from 1969.

This is how “ON Stage” is presented, as a machine with multiple interpretations, of rhythmic and very well controlled absences where the spectator will have to resolve his stage fright in the face of life in order to extract its gears or memories and set them in motion according to his behavior, his own history, his own automatic vision of life, although now, in a liberated way. Now the one who is going to (dis)occupy the stage is Javier. It’s your time to sing your song.

 

Lights, camera…¡Section!

 

 

Juan Cabello Arribas